El principal enemigo es el diablo.
La Biblia nos
alerta de este ser espiritual, y nos dice: “Sed sobrios y velad; porque vuestro
adversario el diablo como león rugiente, anda buscando a quien devorar”. (1ª
Pedro 5:8). Y en otro pasaje: “Someteos
pues a Dios; resistan al diablo y huirá de ustedes”. (Santiago 4:7).
Los placeres que el Mundo ofrece.
También la Palabra
habla al respecto: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es
enemistad contra Dios? Cualquiera pues, que quiera ser amigo del mundo, se
constituye enemigo de Dios”. (Santiago 4:4).
También menciona:
“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los
huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del
mundo”. (Santiago 1:26).
Las falsas doctrinas.
El Señor Jesús
mencionó lo siguiente: “Guardaos de los falsos profetas, que se visten con
vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. (Mateo 7:15).
La desobediencia y rebeldía a Dios.
Mateo 7:21 dice:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino
el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.
La religiosidad.
Jesús se indignó
con la gente religiosa de su época: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos
hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues
ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando”. (Mateo 23:13).
Nuestra propia “carne” (atracción por el pecado).
Jesús también nos
dice: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad
está dispuesto, pero la carne es débil”.
(Mateo 26:41).
Cualquier otra cosa que pretenda apartarnos de Cristo se
considera enemigo del cristiano.

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